21 de septiembre de 2016

"VAMOS A TERMINAR EL MAS ANTIGUO Y EL ULTIMO CONFLICTO ARMADO DEL HEMISFERIO OCCIDENTAL"

Palabras del Presidente de la República de Colombia, Juan Manuel Santos, ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas en el 70° periodo de sesiones ordinariasNaciones Unidas, 21 de septiembre (SIG).


UN/PHOTO


Señora Presidenta, señor Secretario General, señores Jefes de Estado y de Gobierno, distinguidos delegados, señoras y señores:

Quiero agradecerle a nuestra embajadora María Emma Mejía por darme el uso de la palabra.

¡Qué orgullo que una mujer colombiana presida esta sesión en este momento histórico!

La Asamblea General de las Naciones Unidas –en sus 70 años– está consagrada al tema del “Camino hacia la Paz, la Seguridad y los Derechos Humanos”.

Ese es el camino que está transitando Colombia –ahora más que nunca– y por eso me siento honrado al venir a esta Asamblea para compartir una noticia también histórica.

Hoy vengo a ratificar ante el mundo que –entre los más de 20 conflictos armados que subsisten en el planeta, y que generan tanto dolor, pobreza y sufrimiento– hay uno, el de mi país, el de Colombia, que está en el camino final de una solución real.

Vamos a terminar el más antiguo y el último conflicto armado del Hemisferio Occidental.

Porque lograr la paz –en Colombia y en cualquier rincón de la tierra– es una responsabilidad que nadie debería evadir.

Bien dijo el papa Francisco, hace apenas unos días, ante el Congreso de los Estados Unidos:

“Cuando países que han estado en conflicto armado retoman el camino del diálogo, se abren nuevos horizontes para todos. Esto ha requerido y requiere coraje, audacia, lo cual no significa falta de responsabilidad”.

Pues bien: en Colombia hemos procurado obrar con ese coraje, con esa audacia –pero también con esa responsabilidad– de que habla el Santo Padre, y comenzamos a ver los frutos de nuestro esfuerzo.

Han sido más de 50 años de guerra interna, en un país destinado al progreso y la felicidad, y estamos decididos a terminarla.

Porque la paz es una misión difícil, pero no imposible.

La paz es algo más que el fruto de un proceso político, social o económico.

La paz es –sobre todo– un gran proceso de transformación cultural colectiva que comienza con un cambio espiritual individual, que requiere que cada persona –en su interior– abra su mente, su corazón y su alma a la reconciliación.

¿Y por qué digo que hoy vengo más optimista que nunca a esta Asamblea?

Porque hace menos de una semana, en La Habana –luego de casi tres años de negociaciones en los que hemos avanzado en la mayoría de los puntos de la agenda acordada–, se logró un acuerdo sobre el que era, tal vez, el mayor obstáculo para firmar la paz.

Logramos un acuerdo sobre lo más difícil en cualquier proceso de paz: un sistema de justicia transicional que garantiza la no impunidad para los delitos más graves cometidos con ocasión del conflicto.

Con este acuerdo –que respeta la normatividad y los principios del derecho internacional y de nuestra propia Constitución– se coloca por primera vez el derecho de las víctimas a la justicia –así como a la verdad, a la reparación y a la no repetición– en el centro de la solución de un conflicto armado.

Y estamos logrando nuestro objetivo: el máximo de justicia que nos permita el tránsito hacia la paz.

Esta es también la primera vez, en la historia de los conflictos en el mundo, en que un gobierno y un grupo armado ilegal –en un acuerdo de paz y no como resultado de posteriores imposiciones– crean un sistema de rendición de cuentas ante un Tribunal nacional por la comisión de crímenes internacionales y otros delitos graves.

Estamos sentando un precedente que puede servir de modelo a otros conflictos armados en el planeta.

Y es tan importante este avance –tan significativo– que nos permitió dar dos pasos adicionales, que son la mejor noticia que traigo a este gran foro de naciones.

Acordamos una fecha límite para firmar el Acuerdo Final que terminará nuestro conflicto armado: será –como máximo– el 23 de marzo de 2016. Es decir, en menos de 6 meses.

A más tardar ese día estaremos dando un adiós definitivo a la última y más larga guerra de Colombia, y no solo de Colombia sino de todo el Hemisferio occidental.

Y acordamos –además¬– que las FARC comenzarán a dejar las armas a más tardar a los 60 días luego del Acuerdo Final.

Así pues, el próximo año, cuando regrese a esta Asamblea, lo haré –Dios mediante– como presidente de una Colombia en paz, de una Colombia reconciliada.

Nuestro proceso de negociación con la guerrilla de las FARC ofrece –así– una luz de esperanza en un mundo ensombrecido por la guerra, la violencia y el terrorismo.

Sea esta la ocasión para agradecer –en nombre de los 48 millones de colombianos– a la comunidad internacional por su apoyo a nuestros esfuerzos de paz. Y por su voluntad de respaldar la etapa del posconflicto.

Una Colombia en paz será un factor positivo para el mundo en asuntos tan diversos –aunque relacionados– como la lucha contra el cambio climático y contra las drogas ilegales, la seguridad o la erradicación de la pobreza extrema.

Nuestro país se precia de ser el país más biodiverso del planeta de acuerdo con su tamaño.

Pero somos también uno de los más vulnerables frente a los efectos del cambio climático.

Por eso insistimos tanto en la dimensión ambiental de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Al terminar mi gobierno, en 2018, espero haber dejado protegidas en Colombia cerca de 20 millones de hectáreas –casi la quinta parte de nuestro territorio–.

Apoyamos con toda convicción la Cumbre Ambiental de París –COP21– a fines de este año, y llevaremos allá nuestro compromiso concreto de aporte a la meta de reducción de gases de efecto invernadero.

Estamos también enfrentando el problema de los cultivos y las drogas ilegales con una estrategia integral, como la que hemos propuesto al mundo.

Planteé, en la Cumbre de las Américas de 2012, en Cartagena, la necesidad de hacer una evaluación objetiva de los resultados de la llamada Guerra contra las Drogas –que ha sido tan costosa en vidas y en recursos–, y el estudio lo realizó y entregó hace dos años la Organización de Estados Americanos.

Ahora nos preparamos para la Sesión Especial de las Naciones Unidas sobre este tema –que tendrá lugar en 7 meses–.

Allí seguiremos abogando por una  nueva estrategia global que se base en evidencia científica; que haga mucho mayor énfasis en salud,  en  educación y  en combatir las raíces sociales de este fenómeno, y  que busque minimizar el daño que hacen las drogas mediante estrategias más inteligentes y más humanas.

En Colombia –mientras tanto– no nos hemos quedado quietos…

La semana pasada presenté el Plan Integral de Sustitución de Cultivos, que se basa en ese enfoque múltiple: no solo perseguir las mafias, sino dar oportunidades económicas y sociales a los campesinos, garantizar la presencia del Estado y la justicia, y prevenir y tratar el consumo como un tema de salud pública.

Si terminamos el conflicto, la guerrilla –que ha sido un factor negativo en el fenómeno del narcotráfico– se convertirá, una vez dejadas las armas, en un aliado para combatirlo.

¡Esto tendrá un simbolismo extraordinario! Que quienes protegían los cultivos ilícitos, nos ayuden a erradicarlos.

Así gana Colombia y gana el mundo. Porque comenzaremos a librarnos de la coca y, al mismo tiempo, a preservar y salvar millones de hectáreas de bosque tropical.

Bien dijo el Papa en este mismo recinto hace cuatro días –y vuelvo a citarlo–: “La guerra es la negación de todos los derechos y una dramática agresión al medio ambiente”

Una Colombia en paz será también una Colombia más segura, pues las enormes energías y esfuerzos que hoy se dedican a enfrentar el conflicto interno se destinarán a mejorar la seguridad y contrarrestar el delito en ciudades, pueblos y veredas.

Y, por supuesto, será una Colombia con más oportunidades para todos, donde sigamos disminuyendo la pobreza y generando empleo como lo venimos haciendo, a un ritmo que nos sitúa a la cabeza de América Latina en progreso social en los últimos años.

La paz –en resumen– nos permitirá cumplir mejor con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que ya son ley de la República  y  que hemos aprobado dentro de la Agenda 2030.

Hoy invito a todos los colombianos –sin excepción alguna– y a todos los ciudadanos del mundo a que le demos una generosa oportunidad a la paz.

El legado más valioso que podemos dejarles a nuestros hijos y a las futuras generaciones es la paz. ¡Nada puede haber más importante ni más urgente!

Porque la paz es el bien supremo de una sociedad –el más sagrado– y la razón de ser de las Naciones Unidas.

Hoy –con la alegría y la emoción de las buenas noticias– estoy aquí para decirle al mundo:

EN COLOMBIA –EN MENOS DE 6 MESES– REPICARÁN LAS CAMPANAS QUE ANUNCIEN LA HORA DE LA PAZ.

Hago votos por que todos los relojes del mundo se sincronicen con el nuestro en esa misma hora…

¡LA HORA DE LA PAZ!

¡LA HORA DE LA HUMANIDAD!

www.presidencia.gov.co


25 de agosto de 2016

ACUERDO FINAL TERMINACIÓN DEL CONFLICTO ARMADO EN COLOMBIA

Foto: 
Por: Claudia León
Agosto 25 de 2016


Este es el acuerdo final que da por terminado el fin del conflicto armado en Colombia.


Acuerdo Final 24.08.2016  

ACUERDO FINAL PARA LA TERMINACIÓN DEL CONFLICTO Y LA CONSTRUCCIÓN DE UNA PAZ ESTABLE Y DURADERA

 PREÁMBULO 

Recordando que los diálogos de La Habana entre delegados y delegadas del Gobierno Nacional, presidido por el Presidente Juan Manuel Santos y delegados y delegadas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo, con la decisión mutua de poner fin al conflicto armado nacional, tuvieron origen como resultado del Encuentro Exploratorio sucedido en la capital de la República de Cuba entre el día 23 de febrero y el día 26 de agosto de 2012; 

Teniendo presente que como resultado de los diálogos exploratorios referidos se produjo un Acuerdo General para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, firmado en la fecha última citada ante testigos nacionales y ante delegados de la República de Cuba y del Reino de Noruega que sirvieron igualmente como testigos, y que, desde entonces, asienten el proceso como países garantes;

Poniendo de presente que la República Bolivariana de Venezuela y la República de Chile se han aprestado en todo momento a sus buenos oficios como países acompañantes;

Recordando que en desarrollo de la agenda aprobada en el Acuerdo en mención se dio inicio a la Mesa de Conversaciones el día 18 de octubre de 2012 en la ciudad de Oslo, capital del Reino de Noruega, para luego continuar en la capital cubana sin solución de continuidad hasta el día de hoy que se firma el Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera; 

Subrayando que el Acuerdo Final que se suscribe en la fecha corresponde a la libre manifestación de la voluntad del Gobierno Nacional y de las FARC-EP, al haber obrado de buena fe y con la plena intención de cumplir lo acordado; 

Teniendo presente que el Artículo 22 de la Constitución Política de la República de Colombia impone la paz como un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento; que el Artículo 95 afirma que la calidad de colombiano enaltece a todos los miembros de la comunidad nacional por lo que es deber de todos engrandecerla y dignificarla; que el ejercicio de los derechos y libertades reconocidos en la Constitución implica responsabilidades, entre ellas, propender al logro y mantenimiento de la paz; 

Subrayando que la paz ha venido siendo calificada universalmente como un derecho humano, y requisito necesario para el ejercicio de todos los demás derechos y deberes de las personas y la ciudadanía; 

Poniendo de presente que el Acuerdo Final recoge todos y cada uno de los acuerdos alcanzados sobre la Agenda del Acuerdo General suscrito en La Habana en agosto de 2012; y que para alcanzarlo el Gobierno Nacional y las FARC-EP siempre y en cada momento nos ceñimos al espíritu y respeto de la Constitución Nacional, de los principios del Derecho Internacional, del Derecho Internacional de los Derechos Humanos, del Derecho Internacional Humanitario (Convenios y Protocolos), de lo mandado por el Estatuto de Roma (Derecho Internacional Penal), de los fallos proferidos por la Corte Interamericana de Derechos Humanos relativos a los conflictos y su terminación, y demás sentencias de competencias reconocidas universalmente y pronunciamientos de autoridad relativos a los temas suscritos; ....  sigue este enlace y encontraras el documento completo  Acuerdo final 

23 de junio de 2016

FIN DEL CONFLICTO ARMADO EN COLOMBIA

En Colombia las balas escribieron el pasado, pero la Educación escribirá el futuro    




Por: Claudia Leon
Junio 23 de 2016



"En colombia las balas escribieron el pasado, pero la educación escribirá el futuro", estas fueron las palabras del presidente Juan Manuel Santos al momento de entregarle un bolígrafo hecho  en bala al jefe de la FARC, Timochenco.

Hoy es un dia histórico para la paz en Colombia, llego el fin del conflicto después de 52 años la guerrilla de las FARC ha llegado al fin del acuerdo sobre cese al fuego bilateral y definitivo  y la dejación de las armas.

El Jefe de la Farc Rodrigo Londoño “Timochenko” inició su discurso diciendo "El acuerdo de paz entre el Gobierno de Colombia y las FARC no constituye una capitulación de esta guerrilla".
“No es una capitulación de la insurgencia, como querían algunos. Ni las FARC ni el Estado son fuerzas vencidas”, "iniciará la construcción de una paz estable y duradera". Asimismo, deseó que "este sea el último día de la guerra" y pidió "una reconstrucción definitiva", tras el acuerdo final de paz.  sostuvo “Timoleón Jiménez” más conocido como Timochenko luego de firmar con el Gobierno de Colombia tres acuerdos, incluido el del cese del fuego, pasos esenciales para el tratado final de paz que se alcanzaría el 20 de julio.



FIN DEL CONFLICTO ARMADO EN COLOMBIA

En Colombia las balas escribieron el pasado, pero la Educación escribirá el futuro    




Por: Claudia Leon
Junio 23 de 2016



"En colombia las balas escribieron el pasado, pero la educación escribirá el futuro", estas fueron las palabras del presidente Juan Manuel Santos al momento de entregarle un bolígrafo hecho  en bala al jefe de la FARC, Timochenco.

Hoy es un dia histórico para la paz en Colombia, llego el fin del conflicto después de 52 años la guerrilla de las FARC ha llegado al fin del acuerdo sobre cese al fuego bilateral y definitivo  y la dejación de las armas.

El Jefe de la Farc Rodrigo Londoño “Timochenko” inició su discurso diciendo "El acuerdo de paz entre el Gobierno de Colombia y las FARC no constituye una capitulación de esta guerrilla".
“No es una capitulación de la insurgencia, como querían algunos. Ni las FARC ni el Estado son fuerzas vencidas”, "iniciará la construcción de una paz estable y duradera". Asimismo, deseó que "este sea el último día de la guerra" y pidió "una reconstrucción definitiva", tras el acuerdo final de paz.  sostuvo “Timoleón Jiménez” más conocido como Timochenko luego de firmar con el Gobierno de Colombia tres acuerdos, incluido el del cese del fuego, pasos esenciales para el tratado final de paz que se alcanzaría el 20 de julio.



25 de mayo de 2016

EMPLEO PUBLICO PARA JOVENES EN PRACTICAS

PRACTICAS LABORALES PARA JÓVENES EN EL SECTOR PUBLICO 

El gobierno nacional invertirá $20 mil millones de pesos para 200 jóvenes colombianos que podrán acceder a prácticas laborales en el sector público


25 de mayo de 2016 

· Los interesados pueden consultar el portal www.buscadordeempleo.gov.co y ubicar las ofertas de prácticas usando el nombre del programa "Estado Joven Practicante".
· Los 200 cupos iniciales hacen parte de un plan piloto, para el que se han destinado 20 mil millones de pesos.

El programa "Estado Joven-Prácticas Laborales", tiene como objetivo facilitar el ingreso de los jóvenes menores de 28 años al mercado laboral.

Desde el 24 de mayo en Bogotá y a partir del 25 de mayo en Arauca se encuentran disponibles un total de 200 cupos para que jóvenes menores de 28 años, que estén cursando los últimos semestres de pregrado o de sus carreras universitarias, realicen sus prácticas laborales en entidades públicas del orden nacional y territorial. El anuncio lo hicieron la ministra del Trabajo, Clara López, las directoras de la Función Pública, Liliana Caballero y del Servicio Público de Empleo, Claudia Camacho, durante el lanzamiento del programa "Estado Joven-Prácticas Laborales". 

Estas prácticas serán remuneradas con un auxilio formativo equivalente a un salario mínimo legal mensual vigente y la afiliación a Seguridad Social, según lo contempla la nueva Ley 1780 del 2 de mayo de 2016. Uno de los principales propósitos de esta Ley es ayudar a los jóvenes a superar las barreras de acceso al mercado laboral. Para ser parte de esta convocatoria los jóvenes colombianos podrán consultar las plazas de prácticas que se publicarán en el Servicio Público de Empleo, así cualquier joven que cumpla con el perfil, los requisitos y que esté autorizado por su universidad puede presentarse y hará parte del proceso de selección como todos los aspirantes. "La gran apuesta del programa es cerrar las brechas laborales que impiden a poblaciones como la juvenil acceder a un trabajo. Es por ello que hemos habilitado la posibilidad de que los jóvenes menores de 28 años conozcan la oferta que tiene el sector público para que adquieran experiencia, siendo esta una de las grandes dificultades que tienen al acceder al mercado laboral", señaló la ministra del Trabajo, Clara López Obregón. 

La directora de la Función Pública, Liliana Caballero, anotó: "En la entidad trabajamos fuertemente por fortalecer el eje de Jóvenes Talentos para el Estado como una política que incentive, fomente y coordine los programas de jóvenes talentos, orientados a que aquellos sin experiencia, puedan realizar prácticas laborales remuneradas, en las entidades públicas del Estado".

Los jóvenes que deseen ser beneficiarios de este programa pueden consultar el portal www.buscadordeempleo.gov.co y buscar las ofertas de prácticas usando el nombre del programa "Estado Joven Practicante". Si desean aplicar a alguna de las plazas consultadas deben acercarse a un Centro de Empleo de Compensar para el caso de Bogotá y Comfiar en Arauca. Las inscripciones en Bogotá, se abrieron desde el martes 24 de mayo hasta el 1 de junio de 2016 y en Arauca estarán disponibles desde hoy 25 de mayo hasta el 2 de junio de 2016

13 de mayo de 2016

EL PROCESO DE PAZ Y ACUERDO ESPECIAL



EL PROCESO DE PAZ BUSCA UN BLINDAJE INTERNACIONAL




Por: Claudia Maria León
Abogada, Master en Derecho Administrativo
Docente Derecho Internacional


El acuerdo final de Paz será incorporado a través de una resolución que el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó para verificar el cese al fuego.

Para el derecho internacional, se dice que un acuerdo de paz tiene un blindaje internacional cuando este es reconocido a través de una resolución del Consejo de Seguridad, pero para que este tenga efectos jurídico es importante tener en cuenta que la solicitud de la misma debe hacerla el Presidente de la República de Colombia, Dr. Juan Manuel Santo ante la ONU y esto sucederá cuando se haya firmado el acuerdo de paz entre el Gobierno de Colombia y la Farc.

La seguridad jurídica que se darán a los acuerdos de paz con la Farc tendrán el siguiente procedimiento interno, debe ir al Congreso de la República de Colombia y a la Corte Constitucional y mediante una ley ordinaria y un acto legislativo que incorpore el acuerdo final a la Constitución a traves  de un articulo transitorio.

Así quedo establecido en la ultima reunión efectuada en la Habana, los actores que hacen parte de esta negociación  anunciaron que "una vez aprobado el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera, se efectuará una declaración presidencial con forma de declaración unilateral del Estado colombiano ante el Secretario General de las Naciones Unidas el señor Ban Kin-moon" 

Acuerdo Especial, un instrumento jurídico del Derecho Internacional Humanitario 

Los acuerdos especiales entre las partes en conflictos armados no internacionales dan la posibilidad a estas partes de formular un compromiso explícito de respetar el derecho humanitario es decir, los acuerdos especiales se basan en el consentimiento mutuo de las partes y establecen claramente que éstas tienen las mismas obligaciones de conformidad con el DIH. 
Un acuerdo especial puede crear nuevas obligaciones jurídicas, si va mas allá de las disposiciones del DIH ya aplicables en las circunstancias específicas (un acuerdo "constitutivo"), o bien retomar simplemente el derecho que ya vincula a las partes (un acuerdo "declarativo"). Asimismo, puede limitarse únicamente a ciertas normas especificas que en marco de un conflicto en curso puede adquirir una pertinencia particular.

Contenidos de los acuerdos especiales.
Podría contener algunos de los siguientes elementos:
  1. Una clara y amplia relación de las disposiciones de DIH aplicables que provengan tanto del derecho  convencional como del consuetudinario
  2. Un compromiso de las partes de respetar y hacer respetar estas disposiciones del DIH;
  3. Una referencia en virtud de la cual se establezca que el acuerdo no ha de modificar el estatuto jurídico de las partes en el conflicto
  4. La responsabilidad de las partes en materia de difusión del DIH y de los términos del acuerdo mismo;
  5. Algunas disposiciones relativas a la aplicación del acuerdo especial.

cabe mencionar que con esto se garantizaría que lo acordado en la Habana será la ruta segura para que este acuerdo final se incorpore al ordenamiento jurídico colombiano, dando garantías de su cumplimiento conforme al derecho interno como al internacional.

4 de febrero de 2016

PAZ COLOMBIA

PAZ COLOMBIA, CAPITULO DE LA ALIZANZA ESTADOS UNIDOS - COLOMBIA


foto de la infopresidencia

04/02/2016

Paz Colombia se llamará el nuevo capítulo de la Alianza Colombia-Estados Unidos

Presidente Barack Obama propondrá que más de 450 millones de dólares se dediquen a apoyar esta nueva etapa en las relaciones de ambos países.
“Colombia no va a tener mejor amigo que los Estados Unidos de América”, dijo el Mandatario estadounidense. 
“Estoy muy orgulloso de anunciar un nuevo capítulo de la alianza Colombia y Estados Unidos, que se llamará Paz Colombia”, afirmó este jueves el Presidente estadounidense, Barack Obama, en la conmemoración de los 15 años de la iniciativa, durante la visita oficial del Presidente Juan Manuel Santos.

Durante el acto de celebración de los 15 años del Plan Colombia, realizado en la Casa Blanca, el Mandatario estadounidense dijo que propondrá que más de 450 millones de dólares se dediquen a apoyar esta nueva etapa en las relaciones de ambos países.

“A medida que Colombia hace la transición hacia la paz, los Estados Unidos van a trabajar con ustedes mano a mano. Propongo que más de 450 millones de dólares se dediquen a reforzar las ganancias de la seguridad, a reintegrar a los antiguos combatientes en la sociedad, ampliar oportunidades en aplicación de la ley en áreas donde antes no era aplicada por décadas”, agregó.

También dijo que su país continuará respaldando los derechos humanos y la justicia para las víctimas del conflicto y de la violencia del narcotráfico.

“Al igual que hicimos hace 15 años, tenemos la intención de apostar por el éxito de Colombia. Tal como Estados Unidos ha sido el socio de Colombia en tiempos de guerra, seremos su socio en la realización de la paz. Colombia no va a tener mejor amigo que los Estados Unidos de América”, explicó.

El Gobernante estadounidense exaltó la valentía del Presidente Santos por buscar la paz para el país y agradeció a todas las partes involucradas, incluyendo a Cuba, por sus esfuerzos en las conversaciones.

Desminado en 5 años

“Después de medio siglo, llegó el momento para llegar a la paz”, expresó el Presidente Obama, tras advertir que la nueva etapa en la alianza con Colombia debe llegar a todos los colombianos y a todos los rincones del país. “Un lugar en donde, como lo imaginó el Premio Nobel García Márquez, unos no decidan como mueren los otros”, dijo.

Explicó que como parte de los esfuerzos globales de desminado, Estados Unidos tiene como intención respaldar a Colombia en su propósito de retirar todas las minas terrestres antipersona dentro de 5 años y el Secretario de Estado, John Kerry, liderará esa aspiración.

“Estamos unidos por una visión común de un futuro más justo, más equitativo y más próspero para nuestra gente. Vamos a continuar pidiéndole ideas a su Gobierno para que nos digan cómo podemos llegar a movilizar a la comunidad internacional para apoyar estos esfuerzos”, agregó el Presidente Obama.

Alianza fuerte

El Mandatario estadounidense dijo que la relación de Estados Unidos y Colombia se constituye en “una de las alianzas más fuertes del Hemisferio”, tras considerarla cada vez más global y avanzada en intereses y respeto mutuo.

“Estamos en un momento memorable. Estamos muy orgullosos de Colombia y de su gente, a medida que fortalecieron sus fuerzas de seguridad, a medida que mejoraron sus leyes de tierras. Así que el Plan Colombia ha sido un tributo para el pueblo colombiano y para los esfuerzos encaminados a superar sus distintos desafíos”, expresó Obama, acompañado por el Presidente Juan Manuel Santos.

El Presidente de Estados Unidos agregó que después de 15 años de sacrificio y determinación por superar la difícil situación, Colombia llegó a un punto de quiebre, pese a que persisten grandes desafíos hacia adelante.


“No hay duda que Colombia ha hecho una transformación formidable”, dijo Obama.

Elogio a artistas y deportistas

También hizo un elogio de artistas y deportistas colombianos como la cantante Shakira y el jugador de béisbol Orlando Cabrera, y mencionó a sus empresarios.

Igualmente, se refirió al dinamismo de las grandes ciudades del país que, como Medellín, han transformado barrios enteros para, por ejemplo, instalar escaleras eléctricas para facilitar a los niños pobres llegar a sus casas en montañas empinadas.

“Un país que estaba justo al borde del colapso, en este momento está a punto de llegar a la paz. En Colombia hoy hay esperanza y somos conscientes que quiere lograr la paz”, puntualizó el Presidente Obama.

www.es.presidencia.gov.co

25 de septiembre de 2015

Discurso Papa Francisco Frente al Congreso de Estados Unidos

 Discurso del papa Francisco frente al Congreso de Estados Unidos


foto: Congreso EEUU
Lo que iba a decir el papa Francisco en el Capitolio de Washington este jueves generaba atención por partida doble: por ser la primera vez que un jefe de la iglesia Católica se dirigía ante el pleno del Congreso y por lo que muchos temían que pudiera decir.
El pontífice acudió a una sesión especial de ambas cámaras encabezada por el vicepresidente de EE.UU., Joe Biden, en su condición de presidente del Senado, y el presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, ambos, casualmente, devotos católicos.
El Papa Francisco se dirige al Congreso de los Estados Unidos. A continuación el histórico discurso que pronunció ante los representantes de los estadounidenses:
Señor Presidente,
Señor Vicepresidente,
Distinguidos Miembros del Congreso,
Queridos amigos:
Les agradezco la invitación que me han hecho a que les dirija la palabra en esta sesión conjunta del Congreso en «la tierra de los libres y en la patria de los valientes». Me gustaría pensar que lo han hecho porque también yo soy un hijo de este gran continente, del que todos nosotros hemos recibido tanto y con el que tenemos una responsabilidad común.
Cada hijo o hija de un país tiene una misión, una responsabilidad personal y social.
La de ustedes como Miembros del Congreso, por medio de la actividad legislativa, consiste en hacer que este País crezca como Nación. Ustedes son el rostro de su pueblo, sus representantes. Y están llamados a defender y custodiar la dignidad de sus conciudadanos en la búsqueda constante y exigente del bien común, pues éste es el principal desvelo de la política.



La sociedad política perdura si se plantea, como vocación, satisfacer las necesidades comunes favoreciendo el crecimiento de todos sus miembros, especialmente de los que están en situación de mayor vulnerabilidad o riesgo. La actividad legislativa siempre está basada en la atención al pueblo. A eso han sido invitados, llamados, convocados por las urnas.
Se trata de una tarea que me recuerda la figura de Moisés en una doble perspectiva. Por un lado, el Patriarca y legislador del Pueblo de Israel simboliza la necesidad que tienen los pueblos de mantener la conciencia de unidad por medio de una legislación justa. Por otra parte, la figura de Moisés nos remite directamente a Dios y por lo tanto a la dignidad trascendente del ser humano. Moisés nos ofrece una buena síntesis de su labor: ustedes están invitados a proteger, por medio de la ley, la imagen y semejanza plasmada por Dios en cada vida humana.
En esta perspectiva quisiera hoy no sólo dirigirme a ustedes, sino con ustedes y en ustedes a todo el pueblo de los Estados Unidos. Aquí junto con sus Representantes, quisiera tener la oportunidad de dialogar con miles de hombres y mujeres que luchan cada día para trabajar honradamente, para llevar el pan a su casa, para ahorrar y –poco a poco– conseguir una vida mejor para los suyos. Que no se resignan solamente a pagar sus impuestos, sino que –con su servicio silencioso– sostienen la convivencia. Que crean lazos de solidaridad por medio de iniciativas espontáneas pero también a través de organizaciones que buscan paliar el dolor de los más necesitados.
Me gustaría dialogar con tantos abuelos que atesoran la sabiduría forjada por los años e intentan de muchas maneras, especialmente a través del voluntariado, compartir sus experiencias y conocimientos. Sé que son muchos los que se jubilan pero no se retiran; siguen activos construyendo esta tierra. Me gustaría dialogar con todos esos jóvenes que luchan por sus deseos nobles y altos, que no se dejan atomizar por las ofertas fáciles, que saben enfrentar situaciones difíciles, fruto muchas veces de la inmadurez de los adultos. Con todos ustedes quisiera dialogar y me gustaría hacerlo a partir de la memoria de su pueblo.
Mi visita tiene lugar en un momento en que los hombres y mujeres de buena voluntad conmemoran el aniversario de algunos ilustres norteamericanos. Salvando los vaivenes de la historia y las ambigüedades propias de los seres humanos, con sus muchas diferencias y límites, estos hombres y mujeres apostaron, con trabajo, abnegación y hasta con su propia sangre, por forjar un futuro mejor. Con su vida plasmaron valores fundantes que viven para siempre en el alma de todo el pueblo. Un pueblo con alma puede pasar por muchas encrucijadas, tensiones y conflictos, pero logra siempre encontrar los recursos para salir adelante y hacerlo con dignidad. Estos hombres y mujeres nos aportan una hermenéutica, una manera de ver y analizar la realidad. Honrar su memoria, en medio de los conflictos, nos ayuda a recuperar, en el hoy de cada día, nuestras reservas culturales.
Me limito a mencionar cuatro de estos ciudadanos: Abraham Lincoln, Martin Luther King, Dorothy Day y Thomas Merton.
Estamos en el ciento cincuenta aniversario del asesinato del Presidente Abraham Lincoln, el defensor de la libertad, que ha trabajado incansablemente para que «esta Nación, por la gracia de Dios, tenga una nueva aurora de libertad». Construir un futuro de libertad exige amor al bien común y colaboración con un espíritu de subsidiaridad y solidaridad.
Todos conocemos y estamos sumamente preocupados por la inquietante situación social y política de nuestro tiempo. El mundo es cada vez más un lugar de conflictos violentos, de odio nocivo, de sangrienta atrocidad, cometida incluso en el nombre de Dios y de la religión. Somos conscientes de que ninguna religión es inmune a diversas formas de aberración individual o de extremismo ideológico.
Esto nos urge a estar atentos frente a cualquier tipo de fundamentalismo de índole religiosa o del tipo que fuere. Combatir la violencia perpetrada bajo el nombre de una religión, una ideología, o un sistema económico y, al mismo tiempo, proteger la libertad de las religiones, de las ideas, de las personas requiere un delicado equilibrio en el que tenemos que trabajar. Y, por otra parte, puede generarse una tentación a la que hemos de prestar especial atención: el reduccionismo simplista que divide la realidad en buenos y malos; permítanme usar la expresión: en justos y pecadores.
El mundo contemporáneo con sus heridas, que sangran en tantos hermanos nuestros, nos convoca a afrontar todas las polarizaciones que pretenden dividirlo en dos bandos. Sabemos que en el afán de querer liberarnos del enemigo exterior podemos caer en la tentación de ir alimentando el enemigo interior. Copiar el odio y la violencia del tirano y del asesino es la mejor manera de ocupar su lugar. A eso este pueblo dice: No.
Nuestra respuesta, en cambio, es de esperanza y de reconciliación, de paz y de justicia. Se nos pide tener el coraje y usar nuestra inteligencia para resolver las crisis geopolíticas y económicas que abundan hoy. También en el mundo desarrollado las consecuencias de estructuras y acciones injustas aparecen con mucha evidencia. Nuestro trabajo se centra en devolver la esperanza, corregir las injusticias, mantener la fe en los compromisos, promoviendo así la recuperación de las personas y de los pueblos. Ir hacia delante juntos, en un renovado espíritu de fraternidad y solidaridad, cooperando con entusiasmo al bien común.
El reto que tenemos que afrontar hoy nos pide una renovación del espíritu de colaboración que ha producido tanto bien a lo largo de la historia de los Estados Unidos. La complejidad, la gravedad y la urgencia de tal desafío exige poner en común los recursos y los talentos que poseemos y empeñarnos en sostenernos mutuamente, respetando las diferencias y las convicciones de conciencia.
En estas tierras, las diversas comunidades religiosas han ofrecido una gran ayuda para construir y reforzar la sociedad. Es importante, hoy como en el pasado, que la voz de la fe, que es una voz de fraternidad y de amor, que busca sacar lo mejor de cada persona y de cada sociedad, pueda seguir siendo escuchada. Tal cooperación es un potente instrumento en la lucha por erradicar las nuevas formas mundiales de esclavitud, que son fruto de grandes injusticias que pueden ser superadas sólo con nuevas políticas y consensos sociales.
Apelo aquí a la historia política de los Estados Unidos, donde la democracia está radicada en la mente del Pueblo. Toda actividad política debe servir y promover el bien de la persona humana y estar fundada en el respeto de su dignidad. «Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que han sido dotados por el Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos está la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad» (Declaración de Independencia, 4 julio 1776).
Si es verdad que la política debe servir a la persona humana, se sigue que no puede ser esclava de la economía y de las finanzas. La política responde a la necesidad imperiosa de convivir para construir juntos el bien común posible, el de una comunidad que resigna intereses particulares para poder compartir, con justicia y paz, sus bienes, sus intereses, su vida social. No subestimo la dificultad que esto conlleva, pero los aliento en este esfuerzo.
En esta sede quiero recordar también la marcha que, cincuenta años atrás, Martin Luther King encabezó desde Selma a Montgomery, en la campaña por realizar el «sueño» de plenos derechos civiles y políticos para los afro-americanos. Su sueño sigue resonando en nuestros corazones. Me alegro de que Estados Unidos siga siendo para muchos la tierra de los «sueños». Sueños que movilizan a la acción, a la participación, al compromiso. Sueños que despiertan lo que de más profundo y auténtico hay en los pueblos.
En los últimos siglos, millones de personas han alcanzado esta tierra persiguiendo el sueño de poder construir su propio futuro en libertad. Nosotros, pertenecientes a este continente, no nos asustamos de los extranjeros, porque muchos de nosotros hace tiempo fuimos extranjeros. Les hablo como hijo de inmigrantes, como muchos de ustedes que son descendientes de inmigrantes. Trágicamente, los derechos de cuantos vivieron aquí mucho antes que nosotros no siempre fueron respetados. A estos pueblos y a sus naciones, desde el corazón de la democracia norteamericana, deseo reafirmarles mi más alta estima y reconocimiento. Aquellos primeros contactos fueron bastantes convulsos y sangrientos, pero es difícil enjuiciar el pasado con los criterios del presente. Sin embargo, cuando el extranjero nos interpela, no podemos cometer los pecados y los errores del pasado. Debemos elegir la posibilidad de vivir ahora en el mundo más noble y justo posible, mientras formamos las nuevas generaciones, con una educación que no puede dar nunca la espalda a los «vecinos», a todo lo que nos rodea. Construir una nación nos lleva a pensarnos siempre en relación con otros, saliendo de la lógica de enemigo para pasar a la lógica de la recíproca subsidiaridad, dando lo mejor de nosotros. Confío que lo haremos.
Nuestro mundo está afrontando una crisis de refugiados sin precedentes desde los tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Lo que representa grandes desafíos y decisiones difíciles de tomar. A lo que se suma, en este continente, las miles de personas que se ven obligadas a viajar hacia el norte en búsqueda de una vida mejor para sí y para sus seres queridos, en un anhelo de vida con mayores oportunidades. ¿Acaso no es lo que nosotros queremos para nuestros hijos? No debemos dejarnos intimidar por los números, más bien mirar a las personas, sus rostros, escuchar sus historias mientras luchamos por asegurarles nuestra mejor respuesta a su situación. Una respuesta que siempre será humana, justa y fraterna. Cuidémonos de una tentación contemporánea: descartar todo lo que moleste. Recordemos la regla de oro: «Hagan ustedes con los demás como quieran que los demás hagan con ustedes» (Mt 7,12).
Esta regla nos da un parámetro de acción bien preciso: tratemos a los demás con la misma pasión y compasión con la que queremos ser tratados. Busquemos para los demás las mismas posibilidades que deseamos para nosotros. Acompañemos el crecimiento de los otros como queremos ser acompañados. En definitiva: queremos seguridad, demos seguridad; queremos vida, demos vida; queremos oportunidades, brindemos oportunidades. El parámetro que usemos para los demás será el parámetro que el tiempo usará con nosotros. La regla de oro nos recuerda la responsabilidad que tenemos de custodiar y defender la vida humana en todas las etapas de su desarrollo.
Esta certeza es la que me ha llevado, desde el principio de mi ministerio, a trabajar en diferentes niveles para solicitar la abolición mundial de la pena de muerte. Estoy convencido que este es el mejor camino, porque cada vida es sagrada, cada persona humana está dotada de una dignidad inalienable y la sociedad sólo puede beneficiarse en la rehabilitación de aquellos que han cometido algún delito. Recientemente, mis hermanos Obispos aquí, en los Estados Unidos, han renovado el llamamiento para la abolición de la pena capital. No sólo me uno con mi apoyo, sino que animo y aliento a cuantos están convencidos de que una pena justa y necesaria nunca debe excluir la dimensión de la esperanza y el objetivo de la rehabilitación.
En estos tiempos en que las cuestiones sociales son tan importantes, no puedo dejar de nombrar a la Sierva de Dios Dorothy Day, fundadora del Movimiento del trabajador católico. Su activismo social, su pasión por la justicia y la causa de los oprimidos estaban inspirados en el Evangelio, en su fe y en el ejemplo de los santos.
¡Cuánto se ha progresado, en este sentido, en tantas partes del mundo! ¡Cuánto se viene trabajando en estos primeros años del tercer milenio para sacar a las personas de la extrema pobreza! Sé que comparten mi convicción de que todavía se debe hacer mucho más y que, en momentos de crisis y de dificultad económica, no se puede perder el espíritu de solidaridad internacional. Al mismo tiempo, quiero alentarlos a recordar cuán cercanos a nosotros son hoy los prisioneros de la trampa de la pobreza. También a estas personas debemos ofrecerles esperanza. La lucha contra la pobreza y el hambre ha de ser combatida constantemente, en sus muchos frentes, especialmente en las causas que las provocan. Sé que gran parte del pueblo norteamericano hoy, como ha sucedido en el pasado, está haciéndole frente a este problema.
No es necesario repetir que parte de este gran trabajo está constituido por la creación y distribución de la riqueza. El justo uso de los recursos naturales, la aplicación de soluciones tecnológicas y la guía del espíritu emprendedor son parte indispensable de una economía que busca ser moderna pero especialmente solidaria y sustentable. «La actividad empresarial, que es una noble vocación orientada a producir riqueza y a mejorar el mundo para todos, puede ser una manera muy fecunda de promover la región donde instala sus emprendimientos, sobre todo si entiende que la creación de puestos de trabajo es parte ineludible de su servicio al bien común» (Laudato si’, 129). Y este bien común incluye también la tierra, tema central de la Encíclica que he escrito recientemente para «entrar en diálogo con todos acerca de nuestra casa común» (ibíd., 3). «Necesitamos una conversación que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos» (ibíd., 14).
En Laudato si’, aliento el esfuerzo valiente y responsable para «reorientar el rumbo» (N. 61) y para evitar las más grandes consecuencias que surgen del degrado ambiental provocado por la actividad humana. Estoy convencido de que podemos marcar la diferencia y no tengo alguna duda de que los Estados Unidos –y este Congreso– están llamados a tener un papel importante. Ahora es el tiempo de acciones valientes y de estrategias para implementar una «cultura del cuidado» (ibíd., 231) y una «aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza» (ibíd., 139).
La libertad humana es capaz de limitar la técnica (cf. ibíd., 112); de interpelar «nuestra inteligencia para reconocer cómo deberíamos orientar, cultivar y limitar nuestro poder» (ibíd., 78); de poner la técnica al «servicio de otro tipo de progreso más sano, más humano, más social, más integral» (ibíd., 112). Sé y confío que sus excelentes instituciones académicas y de investigación pueden hacer una contribución vital en los próximos años.
Un siglo atrás, al inicio de la Gran Guerra, «masacre inútil», en palabras del Papa Benedicto XV, nace otro gran norteamericano, el monje cisterciense Thomas Merton. Él sigue siendo fuente de inspiración espiritual y guía para muchos. En su autobiografía escribió: «Aunque libre por naturaleza y a imagen de Dios, con todo, y a imagen del mundo al cual había venido, también fui prisionero de mi propia violencia y egoísmo. El mundo era trasunto del infierno, abarrotado de hombres como yo, que le amaban y también le aborrecían. Habían nacido para amarle y, sin embargo, vivían con temor y ansias desesperadas y enfrentadas». Merton fue sobre todo un hombre de oración, un pensador que desafió las certezas de su tiempo y abrió horizontes nuevos para las almas y para la iglesia; fue también un hombre de diálogo, un promotor de la paz entre pueblos y religiones.
En tal perspectiva de diálogo, deseo reconocer los esfuerzos que se han realizado en los últimos meses y que ayudan a superar las históricas diferencias ligadas a dolorosos episodios del pasado. Es mi deber construir puentes y ayudar lo más posible a que todos los hombres y mujeres puedan hacerlo. Cuando países que han estado en conflicto retoman el camino del diálogo, que podría haber estado interrumpido por motivos legítimos, se abren nuevos horizontes para todos. Esto ha requerido y requiere coraje, audacia, lo cual no significa falta de responsabilidad. Un buen político es aquel que, teniendo en mente los intereses de todos, toma el momento con un espíritu abierto y pragmático. Un buen político opta siempre por generar procesos más que por ocupar espacios (cf. Evangelii gaudium, 222-223).
Igualmente, ser un agente de diálogo y de paz significa estar verdaderamente determinado a atenuar y, en último término, a acabar con los muchos conflictos armados que afligen nuestro mundo. Y sobre esto hemos de ponernos un interrogante: ¿por qué las armas letales son vendidas a aquellos que pretenden infligir un sufrimiento indecible sobre los individuos y la sociedad? Tristemente, la respuesta, que todos conocemos, es simplemente por dinero; un dinero impregnado de sangre, y muchas veces de sangre inocente. Frente al silencio vergonzoso y cómplice, es nuestro deber afrontar el problema y acabar con el tráfico de armas.
Tres hijos y una hija de esta tierra, cuatro personas, cuatro sueños: Abraham Lincoln, la libertad; Martin Luther King, una libertad que se vive en la pluralidad y la no exclusión; Dorothy Day, la justicia social y los derechos de las personas; y Thomas Merton, la capacidad de diálogo y la apertura a Dios.
Cuatro representantes del pueblo norteamericano.
Terminaré mi visita a su País en Filadelfia, donde participaré en el Encuentro Mundial de las Familias. He querido que en todo este Viaje Apostólico la familia fuese un tema recurrente. Cuán fundamental ha sido la familia en la construcción de este País. Y cuán digna sigue siendo de nuestro apoyo y aliento. No puedo esconder mi preocupación por la familia, que está amenazada, quizás como nunca, desde el interior y desde el exterior. Las relaciones fundamentales son puestas en duda, como el mismo fundamento del matrimonio y de la familia. No puedo más que confirmar no sólo la importancia, sino por sobre todo, la riqueza y la belleza de vivir en familia.
De modo particular quisiera llamar su atención sobre aquellos componentes de la familia que parecen ser los más vulnerables, es decir, los jóvenes. Muchos tienen delante un futuro lleno de innumerables posibilidades, muchos otros parecen desorientados y sin sentido, prisioneros en un laberinto de violencia, de abuso y desesperación. Sus problemas son nuestros problemas. No nos es posible eludirlos. Hay que afrontarlos juntos, hablar y buscar soluciones más allá del simple tratamiento nominal de las cuestiones. Aun a riesgo de simplificar, podríamos decir que existe una cultura tal que empuja a muchos jóvenes a no poder formar una familia porque están privados de oportunidades de futuro. Sin embargo, esa misma cultura concede a muchos otros, por el contrario, tantas oportunidades, que también ellos se ven disuadidos de formar una familia.
Una Nación es considerada grande cuando defiende la libertad, como hizo Abraham Lincoln; cuando genera una cultura que permita a sus hombres «soñar» con plenitud de derechos para sus hermanos y hermanas, como intentó hacer Martin Luther King; cuando lucha por la justicia y la causa de los oprimidos, como hizo Dorothy Day en su incesante trabajo; siendo fruto de una fe que se hace diálogo y siembra paz, al estilo contemplativo de Merton.
Me he animado a esbozar algunas de las riquezas de su patrimonio cultural, del alma de su pueblo. Me gustaría que esta alma siga tomando forma y crezca, para que los jóvenes puedan heredar y vivir en una tierra que ha permitido a muchos soñar. 
Que Dios bendiga a América.